CÓMO TRANSFORMAR UN CURSO PRESENCIAL PARA HACERLO VIRTUAL

Publicado: 11 agosto, 2012 en edumatica

Transformar los contenidos de un curso presencial para que pueda utilizarse en un entorno virtual es una tarea compleja y larga que exige a los docentes aprender nuevas habilidades tecnológicas, otras formas de organizar contenidos, e, incluso, un nuevo estilo de enseñanza. Diseñar un curso virtual no es colocar literalmente en la Red el programa y los contenidos de las clases que se ofrecen de manera presencial. Es necesario adaptarlo a las herramientas disponibles en un nuevo entorno. Ko y Rosen (2001) proponen las siguientes fases de análisis, diseño y desarrollo:

Fase de análisis

En esta instancia se examinan los diversos recursos disponibles: El programa que establece unas metas y objetivos, una lista de tareas, un conjunto de lecturas, una bibliografía, una programación de exámenes y un sistema de calificaciones.

Es posible que también se disponga de algunos archivos con notas de clase, diapositivas, acetatos, videos o audiograbaciones. Todos estos componentes son la materia prima para desarrollar un curso que se pueda enseñar a través de la Red. A primera vista, la tarea más importante es convertir estos materiales en archivos digitales que se puedan colocar en la Red. Sin embargo, este es sólo un aspecto mecánico del proceso. No se trata de replicar virtualmente todo lo que se hace en el aula regular; la Red ofrece nuevas formas de comunicación que deben aprovecharse. Los principios de diseño instruccional que orientan la estructuración adecuada de un curso presencial también deben guiar el desarrollo de un curso virtual. Es necesario tener muy claro a quiénes está dirigido el curso, qué lugar tiene en el currículo, qué recursos tienen a su disposición profesores y alumnos.

Según Ko y Rosen (2001), éstos son algunos aspectos para analizar:

¿Cuál es la audiencia objetivo? ¿a cuántos estudiantes está dirigido? ¿es un curso para alumnos principiantes o avanzados?
¿Qué tipo de materiales deben estar disponibles en la red para los estudiantes? ¿se tienen previstas algunas actividades presenciales, laboratorios por ejemplo, o todo el trabajo se hará en-línea?
¿Qué clase de conexión tienen los estudiantes? ¿tendrán acceso al curso desde redes de alta velocidad en el campus, o desde sus hogares? ¿tienen acceso ilimitado a la red a través de la universidad o deben utilizar una conexión particular?
¿Qué soportes ofrece la institución al profesor para crear los materiales del curso virtual?
¿Dispone de una suite integrada de herramientas o programa para el manejo de cursos, o tiene que crearlo todo en su propia página web?

Fase de diseño

El diseño se refiere a la forma y orientación que se le quiere dar al curso teniendo en cuenta los objetivos, las estrategias de enseñanza, la organización de los contenidos. Al respecto, sugieren Ko y Rosen (2001), deben formularse interrogantes como:

¿Es el trabajo colaborativo entre los alumnos o la revisión entre compañeros algo deseable o conveniente?
¿Cuál es la mejor forma de evaluar a los estudiantes: portafolios, ensayos, pruebas objetivas, proyectos individuales, o trabajos de campo?
¿Cuál será el balance entre las actividades centradas en el estudiante y las que dirige el profesor?
¿Qué importancia tiene para los objetivos del curso la discusión y presentación de trabajos por parte de los estudiantes?
¿Cuáles son los medios y métodos para presentar contenidos: transparencias, diapositivas, notas de clase, videos, grabaciones en audio?
¿Se realizarán exámenes en-línea como procedimientos de evaluación?
¿Se dispone de una cartelera electrónica o foro de discusión, o sólo se cuenta con el correo electrónico?

La transición a un formato virtual ofrece oportunidades para ensayar nuevos métodos y enfoques. Para conservar la calidad de un curso presencial cuando se rediseña para ofrecerlo a través de la Red no es necesario utilizar exactamente los mismos procedimientos, materiales y estrategias didácticas.

Fase de desarrollo

Esta fase implica la elaboración de un programa, la selección de contenidos, enfoques didácticos, formas de evaluación, y organización de materiales. Según Ko y Rosen (2001), en la mayoría de los cursos universitarios las actividades de enseñanza pueden clasificarse en las siguientes categorías:

Exposiciones o presentaciones del profesor: Generalmente incluyen conferencias magistrales, material gráfico, simulaciones, diapositivas, acetatos, videos, etc. Son probablemente el método más común de presentar contenidos en un curso. Para trasladar esta actividad a un ambiente virtual se pueden utilizar diferentes formatos como:

Texto: Es la opción lógica para presentar en la Red las exposiciones orales del profesor. Los estudiantes pueden fácilmente copiar y tomar notas de materiales escritos en una página de la Red; además tienen más tiempo para reflexionar sobre los contenidos. Existe el riesgo de transcribir una exposición oral sin tener en cuenta que será leída, no escuchada. Deben evitarse los textos demasiado extensos.
Al copiar textos en una página de la Red se recomienda: un estilo que medie entre el habla casual y la escritura formal, comprimir la escritura en párrafos cortos espaciados, emplear títulos, letra cursiva, colores, y otros indicadores que ayuden al lector a captar la información esencial. Los gráficos pueden combinarse con el texto, o presentarse a través de enlaces.

Presentaciones en PowerPoint: Este tipo de ayudas se pueden incorporar a una página de la Red. De hecho PowerPoint permite grabar una diapositiva como archivo HTML. Cabe observar que en la clase presencial el profesor controla y explica la presentación; en cambio en la red ésta tiene que funcionar sola. Como el acceso en-línea a estos recursos puede ser lento, se recomienda no incluir presentaciones demasiado extensas.

Diapositivas narradas, simulaciones, audios y videos: Las diapositivas narradas pueden ser un medio efectivo para presentar temas cuyo desarrollo involucre varias etapas, por ejemplo el manejo de una aplicación informática. También pueden ser un recurso eficaz en la enseñanza de idiomas extranjeros, arte y música. Al diseñar este tipo de ayudas se recomienda: que cada narración cubra varias diapositivas, utilizar una narración casual y rica en matices de voz, usar gráficos, flechas, u otros medios visuales que dinamicen la presentación. El audio es recomendable para exposiciones o explicaciones breves, para una introducción al curso, o para presentar un profesor, lo cual puede acompañarse de una fotografía. Aunque el video es un excelente medio, si los estudiantes no tienen conexiones de alta velocidad pueden encontrar muy frustrante el uso de este recurso. Para nadie es agradable observar un video segmentado, con imágenes distorsionadas o borrosas. Cuando para un curso se requieran videos numerosos o muy largos puede ser más conveniente distribuirlos en cinta o en CD-ROM. Las simulaciones son un recurso muy apropiado para la enseñanza virtual. Es recomendable ensayarlas bajo las mismas condiciones de acceso que tienen los alumnos. Si se requiere mucho tiempo para descargarlas, o su ejecución se interrumpe por congestión de la Red, pueden resultar muy poco efectivas. Al igual que en el caso del video, cuando este recurso es muy abundante puede ser mejor distribuirlo en un CD-ROM.

Discusiones: Diversas formas de discusión que tienen lugar en un curso presencial pueden trasladarse exitosamente a un ambiente virtual. Inicialmente es necesario determinar, de acuerdo con el tipo de audiencia y naturaleza del curso, cuáles formas de discusión funcionan mejor en forma asincrónica o sincrónica. Si los estudiantes se conectan en horarios muy distintos o son adultos que trabajan, el modo sincrónico puede resultar poco flexible. Las discusiones que acompañan un seminario pueden organizarse en la red de manera asincrónica. Se hace una exposición breve seguida de algunas preguntas, o simplemente se formulan algunos interrogantes sobre un tema.

Transcurrido un lapso de tiempo (2 o 3 días), suficiente para que los estudiantes respondan, se pueden solicitar precisiones o ampliaciones a las mismas preguntas, o formular otras distintas. Las discusiones asociadas a tareas del curso deben programarse con tiempo suficiente para que los alumnos reflexionen. Así mismo, dar con antelación a los alumnos algunas pautas contribuye a una mejor organización y enfoque de la discusión. Aunque se trata de una actividad asincrónica, puede ser conveniente limitar el tiempo de participación, especialmente si el profesor quiere dar a los estudiantes alguna retroalimentación.

Un ejemplo de discusión virtual es el foro de preguntas y respuestas, del cual se puede derivar una página de preguntas frecuentes con sus respectivas soluciones, muy útil como material para actividades de revisión. Otra forma de organizar una discusión es pedir a los estudiantes que propongan soluciones posibles a un problema. La discusión se centra en el análisis de estas soluciones, con comentarios oportunos del profesor.

También se pueden escoger las mejores soluciones y ponerlas en discusión con el grupo. Las tareas o proyectos de algunos estudiantes pueden igualmente constituir un tema de discusión en la Red. Los demás compañeros formulan preguntas que el docente ayuda a resolver. La mayoría de las discusiones sincrónicas se hacen a través de un chat. Todos los participantes deben entrar a un determinado sitio a la misma hora; el diálogo ocurre en tiempo real. Aunque el chat es más espontáneo que la comunicación asincrónica, exige mucha preparación y previsión; además, como tiene un ritmo rápido, a veces puede confundir a los alumnos. Para aprovechar óptimamente el chat se recomienda preparar adecuadamente los estudiantes anunciándoles con anticipación el tema y dándoles a conocer las reglas que orientarán el manejo de la sesión. Es común que los chats dispongan de un tablero en el cual los estudiantes y el profesor pueden escribir o dibujar en tiempo real. Otra función de algunos chats denominada “Follow me” permite al instructor guiar a los alumnos para que visiten un determinado sitio de la Red.

Trabajo en grupos: En un ambiente virtual se puede realizar todo tipo de actividades grupales, desde la revisión de un trabajo en parejas hasta verdaderas experiencias de aprendizaje cooperativo. Para asegurar su eficacia estas actividades deben ser muy bien planeadas y cronometradas. Tan pronto como sea posible, es conveniente realizar una actividad en la cual los estudiantes de cada grupo se conozcan; para esto puede utilizarse el chat, el correo electrónico, o una discusión informal en-línea. La organización de los grupos y los procedimientos de trabajo requieren más tiempo cuando tienen lugar en la Red. Es necesario definir con antelación dónde, cómo, y cuándo podrán reunirse los grupos, cómo se hará el control del trabajo, y se evaluarán los aportes de cada estudiante. Los grupos necesitan pautas para el trabajo conjunto; es un error dejarlos evolucionar espontáneamente. Debe permitirse todas las formas de comunicación posibles: foros de discusión asincrónica, chat sincrónicos, los tableros y áreas electrónicas para intercambiar documentos. El correo electrónico no es un medio óptimo para el trabajo en grupo, ya que no permite ver fácilmente los textos y comentarios en orden secuencial; es preferible un tablero de discusión asincrónica (Ko y Rosen, 2001).

Investigación: En un curso virtual se pueden llevar a cabo diversas actividades de investigación, incluyendo el trabajo de campo. La investigación a través de la Red es una opción viable, que puede hacerse en forma abierta o guiada. Aún en las búsquedas abiertas es bueno darle a los estudiantes algunas pautas para que exploren y evalúen los diversos recursos que ofrece la Red. En vista del enorme crecimiento de Internet, estas consultas abiertas pueden resultar cada vez más difíciles y frustrantes. Los motores de búsqueda sólo descubren un pequeño porcentaje de los sitios existentes. Es recomendable dar a los alumnos, no sólo algún entrenamiento básico en la búsqueda y evaluación de recursos en la Red, sino sugerirles algunos sitios o páginas que les sirvan como punto de partida para localizar otros. Para esta orientación se pueden utilizar colecciones revisadas de hiperenlaces a portales o páginas interesantes. Muchos departamentos o institutos universitarios, revistas y asociaciones especializadas ofrecen listas seleccionadas de sitios relevantes en un área determinada del conocimiento. En la búsqueda guiada, el profesor ofrece a los alumnos una lista previamente evaluada de sitios con información apropiada. También puede sugerirles que averigüen en una biblioteca otros sitios interesantes. Los bibliotecólogos están cada vez más comprometidos en la evaluación de sitios y otros materiales de referencia electrónicos. En cuanto a la investigación de campo, que obviamente involucra experimentaciones y actividades en el mundo real, sus resultados, discusión y evaluación se pueden llevar a cabo a través de la Red (Ko y Rosen, 2001).

Evaluación: Muchas plataformas para la gestión de cursos virtuales permiten realizar exámenes en línea. Estos se pueden programar para determinadas horas, manejan una clave para cada alumno, controlan el tiempo de respuesta, y registran cualquier pausa en la ejecución. No obstante, si los estudiantes toman estos exámenes sin ninguna vigilancia existe riesgo de fraude. Para evitar esta situación se recomienda: hacer las pruebas suficientemente largas, de tal manera que no sea fácil buscar la información necesaria y terminar la prueba en el tiempo asignado; incluir una buena proporción de preguntas relacionadas directamente con las discusiones que se dan en clase; no centrar la evaluación sólo en este tipo de pruebas, combinándolas con otros métodos como los ensayos y la participación en discusiones; y tratar de mejorar los procedimientos de control. Los portafolios son un método de evaluación muy popular actualmente, y no es difícil diseñarlos para uso en la Red. La clave es programar un número suficientemente variado de actividades para que los estudiantes ensamblen tales portafolios. Se puede crear áreas especiales de trabajo, tipo folders, para que los alumnos vayan almacenando sus trabajos (Ko y Rosen, 2001).

Otros recursos complementarios para una clase virtual: Aunque se trate de un curso totalmente virtual, puede ser una buena idea exigir a los estudiantes que lean uno o varios textos. La lectura en pantalla de documentos muy extensos resulta fatigante, e imprimirlos demanda mucho tiempo y es costoso. Algunas editoriales están desarrollando sitios en la Red que complementan los libros publicados mediante cuestionarios, preguntas para guiar una discusión, listas de sitios en la Red para ampliar el conocimiento sobre el tema, etc. Igualmente puede ofrecerse al usuario un paquete o antología de lecturas sobre el tema. Esta es una alternativa cuando los propios documentos del profesor no son fácilmente transferibles a un formato virtual, o cuando los alumnos se sienten mejor trabajando con materiales impresos. Aunque las páginas para la Red se pueden crear directamente en HTML, es recomendable guardar todos los contenidos que se desarrollen, sean notas de clase, exámenes, gráficos, etc., en un formato tipo procesador de textos, de tal manera que se puedan revisar o reutilizar posteriormente para otros cursos.

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